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La
palabra questaü apareció en el siglo XII.
Salió de una categoría de habitantes sometidos a la
esclavitud, obligados a pagar una impuesto especial llamad
queste, subrayando su estado de siervos ligados a la
tierra. Los liberados pagaban el censo y los llamaban
ceysaus.
Como los siervos, su persona y su bien pertenecían al
dueño de la tierra. No podían disponer de la tierra
que ellos trabajaban, ni dejar su dominio sin el asentimiento del
propietario; entre otras obligaciones, debían
aceptar tomar las armas en cualquier momento y quedarse un año
o dos, de padre a hijo, en el lugar de residencia del señor
o del vizconde para limpiar las letrinas, sacar las inmundicias
fuera de la ciudad y otros chistes de ese estilo.
Enseguida, el señor le daba (en principio) un terreno para
trabajar y para roturar, que también se lo llamaba
queste: ..la posesión de la tierra-queste
arrastraba el impuesto de la queste (decididamente, no se
compone, igual ayer que hoy) . Sin embargo, el “propietario”
de los questaüs estaba obligado a asegurar su
subsistencia directamente, o indirectamente (salvo para cuaresma
evidentemente) dándole una cierta proporción de
frutas o de verduras que provenían de la tierra que ellos
trabajaban con el fin de que pudieran sobrevivir. Lo que se hacía
más por interés que por filantropía...perdiendo
un questaü, el señor perdía la fuerza
de trabajo.
El campesino liberado se llama casalè,
porque cultiva un fundo designado bajo el nombre de casaü.
Hasta el movimiento de liberación que acompañó
la creación de los castelnaux*
y de las bastides*,
numerosos campesinos eran siervos ubicados bajo el estrecho
control de la nobleza particularmente numerosa en el
Bearn.
El For*
general del Bearn, tan ventajoso para los poublans* y los
bésiis*
les era menos favorable,
salvo si se unían a un nuevo islote de población:
un castelnau o una bastide, donde la liberación
era contractual. El For, sin embargo, se preocupó
de encontrarles un estatuto: el primer artículo les
prohibe abandonar la tierra que se les dio, trabajar sin el
consentimiento del señor; (no podían ausentarse más
de un día y volver antes del atardecer). En cambio, el
segundo artículo ordena que el señor está
obligado a dar al questaü un fundo personal para
trabajar para sí mismo si no tiene bastante para
permitirle sobrevivir; el tercer artículo dice que si el
precio o la carga de la queste o tierra es tan fuerte que
el questaü está obligado a vender los bueyes
destinados a la labranza para pagarla, el señor se ve
obligado a disminuir la carga.
A pesar de las infames condiciones de vida, parece que en el
Bearn gozaban de un poco más de humanidad que en otras
partes (¡siempre se puede soñar!). Se podía
en efecto acordarle la libertad después de un cierto
tiempo de servicio. Después que el questaü
hubiera servido fielmente a su amo, éste le daba esta
queste (tierra), a cambio de un canon en granos y por este
medio, recuperaba su libertad y se hacía propietario. Este
sistema, además, ha permitido desarrollar la agricultura
bearnesa. El estado de questaü
no era sin embargo completamente rígido : por ejemplo
se ha visto, curiosamente, en un pueblo bearnés, un
questaü (que se había enriquecido
misteriosamente) hacerse abad laico sin ser liberado. Otra
historia es reveladora de este estado: un questaü
había prestado gran ayuda con 2 de sus hermanos a la reina
Jeanne y a Henri IV*, durante el famoso sitio de Navarrenx. El
era allí sargento y sus hermanos encontraron allí
la muerte. En agradecimiento, recibe cartas patentes anunciándole
la liberación de su estado de siervo y además, en
la misma ocasión, se le otorga un título de
nobleza. El tribunal de los nobles de los Estados del Bearn
(la corte suprema) se escandaliza y niega el registro de las
cartas de ennoblecimiento, arguyendo que la calidad de los
questaüs era vil y abyecta y que con la cercanía
de tales personas, la nobleza llegaría a ser despreciable,
teniendo en cuenta que la calidad de questal es la más
baja condición entre todos los súbditos de su
majestad (..a parte de los cagots).
Nada quedó así ; bastó un frunce de
cejas de Henri IV para que la Alta Corte obedeciera y he allí
nuestro siervo que pasó de un solo golpe al estado de
noble. De todos modos es la excepción que confirma la
regla y verdaderamente fue necesario
esperar a la Revolución para que se prohibiera la
servidumbre. Luego, fueron raros los simples brassèrs,
obreros agrícolas que no disponían de ninguna
tierra (sólo de sus brazos). (extracto
de Lo
Noste Béarn de Hubert Dutech
-©- )
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